Era el último día. Estaba el cielo un poco gris, pero hacía calor; parecía que iba a haber tormenta. Ese día vino mucha gente, el albergue estaba completo. A última hora apareció una mujer joven de unos 40 años. Estaba un poco cansada pero se le veía fuerte. Ya no había camas libres y había empezado a llover. Le acompañé al frontón, allí podría al menos dormir a cubierto. Miré al cielo y vi dos arco iris, uno encima del otro. Le dije que no se preocupara, que tendríamos suerte.
El viernes pasado, tres días después de la vuelta, caminaba con prisa por Bilbao. Iba cargada con bolsas, la perra, la carpeta del trabajo. Llegaba tarde a una comida con amigas. Pasé al lado de la terraza de un bar, en el Casco Viejo. Vi a una mujer sentada y me fijé un poco mejor, parandome y adelantando la cabeza. Ella entonces me vio.
¿Qué haces aquí? me dijo. Vivo aquí, ¿qué haces tú aquí?
Me contó que no se había sentido bien, que echaba de menos a su familia, que volvía a casa. Ella es de Suecia, enfermera de ambulancias, madre de dos niños. Le dije que trabajaba cerca, que si le apetecía, se pasara más tarde por el estudio. Se lo señalé en el plano y subió.
Estuvimos tomando un te, la tarde se había puesto un poco fea y apetecía. Nos mirábamos con sorpresa, le enseñé el local, charlamos. Al cabo de una hora se fue, más animada por el te y la conversación.
Estas son las cosas del camino.
lunes, 7 de septiembre de 2009
viernes, 4 de septiembre de 2009
pin y pon
Pin es rubia, Pon es morenaA Pin le gusta el jamón, a Pon la nocilla
Pin escucha música en español, a Pon le gusta más en inglés
Pin anda en bici, Pon da paseos a pie
Pin se come todo el pan, menos los curruscos que le encantan a Pon
A Pin le atraen los chicos calvos, a Pon con pelo, por favor.
Pin no puede acariciar a los perritos, Pon achucha a todos los que ve
Sólo coinciden en una cosa
La cerveza sin espuma.
(foto de borboletaselvatica sacada de Flickr)
jueves, 3 de septiembre de 2009
la silla roja
He pasado unos días sentada en una silla roja. Era una silla muy especial, mágica. Recibía los primeros rayos de sol, los más bonitos, los que ya calientan pero no queman. Estaba situada al borde de un camino empedrado, a un lado de la puerta. Si mirabas a la izquierda se veía salir el sol; de frente había una casa medio cubierta por una hiedra y con flores en las ventanas; a la derecha estaba la torre de la iglesia, la cúpula, la veleta, las campanas.Pasaba mucha gente por delante de la silla, era como dar la vuelta al mundo sin moverse. Venían pronto por la mañana, cansados ya de subir la cuesta, con un paso lento y marcado por el sonido metálico de los bastones. Les saludábamos con la mano y con la sonrisa; algunos se quedaban a pasar la noche; otros paraban para descansar, tomar un café y seguían su camino.
A veces me imagino que sigo allí, sentada después de hacer todo el trabajo, con una pierna encogida y la otra colgando, descalza, viendo caer la tarde contigo a mi lado, esperando.
A veces me imagino que sigo allí, sentada después de hacer todo el trabajo, con una pierna encogida y la otra colgando, descalza, viendo caer la tarde contigo a mi lado, esperando.
viernes, 26 de junio de 2009
miércoles, 24 de junio de 2009
lunes, 22 de junio de 2009
la caja

Lleva una caja guardada en el bolso. La mete todos los días por la mañana y la saca por la noche, no se vaya a romper. En ella viven dos mariposas doradas que duermen todo el día. Las mariposas llevan en sus alas un polvo dorado que se desprende cuando vuelan. Este polvo dorado es lo más importante de la caja, por eso la cuida tanto.
Vive en una ciudad muy grande y gris, llena de gente y de coches, de humo y de lluvia fina, donde apenas sale el sol y no hay muchas flores. Tiene que salir de casa cada día muy temprano, está ocupada durante muchas horas y llega a casa cansada. No tiene tiempo de acordarse, de sentir, casi ni de cantar. Sabe que tiene la caja dentro del bolso y eso le da un poco de alegría, de esperanza.
A veces, por la noche, abre la caja y salen las mariposas, que empiezan a volar contentas, dando giros y jugando, dejando el aire lleno de polvo dorado que se posa en su pelo, en los hombros, en las manos y los brazos desnudos, derritiendo la capa gruesa que se pone para aguantar los días, todos los días. Debajo de esa capa derretida se empieza a ver una piel blanca y fina, muy sensible, donde ella tiene escritos sus sentimientos, sus amores, lo que no se permite sentir cada día, pero que sigue ahí con ella. Y cuando el polvo dorado acaba por derretir la capa gruesa se dice que no volverá a hacerlo, que no dejará escondidos sus sentimientos que se alojan en el costado como un nudo duro y que le duele, que permitirá que le envuelvan como oleadas cálidas y acogedoras, porque ella ama de una manera tan intensa que le desgasta y no puede caerse a cachos, ahora no, ahora tiene que ponerse otra vez la capa gruesa, esconder las mariposas en la caja y dormir, porque mañana saldrá de casa temprano, caminará entre coches y lluvias, será como tiene que ser, aguantando y dejando pasar el tiempo, pero siempre con la caja en el bolso, que palpa varias veces a lo largo del día, para ver si sigue allí.
miércoles, 17 de junio de 2009
orquídea_04
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